Dios creó al hombre y el hombre creó a Dios. Para alcanzarlo construyó un complejo laberinto en el que acabó perdiéndose. Entonces decidió matarlo, pero no supo regresar.
Efectivamente, no hay que hacer siempre lo mismo, sino a cada momento inventar cosas nuevas, afrontar nuevos desafíos, crear nuevas vivencias y experimentarlas intensamente. Eso es vivir.