martes, 16 de enero de 2018

La fiesta de la carne... con sus tripas chillonas... (¡He dicho "tripas", no "tipas"!)


Algunos hablan de censura (o pseudocensura) porque no se les permite imponer un pensamiento único. En realidad, ellos son los censores frustrados de todas las discrepancias. (La competición prostituye la esencia del Carnaval, by the way: convertida en endogamia ególatra, la copla solidaria se torna en grotesca herramienta con la que se busca el triunfo exclusivo y excluyente; las redes sociales son ahora "mis enemigas" en el sentido de que me perjudican o ridiculizan mis pretensiones codiciosas de éxito, igual que antes lo era la prensa... Paradójicamente, ahora se señala como adversarios nocivos a los grupos que  se dedican a la lucha por los derechos humanos o las mejoras sociales: antirracistas, ecologistas, vegetarianos, antitaurinos, feministas, asociaciones de discapacitados, etc. se convierten en fuerzas que etiqueto de "censoras" justamente porque pretendo censurarlas y, afortunadamente, no lo consigo. Por todo ello, nace aquello que llaman agrupaciones "ilegales" (!), callejeras, etc., con la intención de recuperar lo que se ha perdido debido a la desvirtuación llevada a cabo por la competencia).

Jesús María Bustelo Acevedo

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